Gratitud, abunda en su organización?

El éxito es grandioso, pero también puede tentar a olvidar lo que lo origina, a omitir al que enseñó a llegar alto, al que inspiró un camino y dio buen ejemplo. La sensación de las victorias y laureles puede generar una especie de amnesia sobre la fuente del éxito y conducir hacia enfermedades del espíritu como la soberbia, la arrogancia y la autosuficiencia. "Cuando coma una fruta, piense en la persona que sembró el árbol", reza un proverbio vietnamita.

 

¿Por qué algunos "exitosos" se quedan solos? Porque donde no existe gratitud hay aislamiento y pérdida de sentimiento de pertenencia; los agradecimientos son "biodegradables" y en ciertas empresas solo se acuerdan de estos al final de cada año. Incluso, habrá quienes lo hagan por conveniencia, rutina u obligación y no con la sinceridad que se evidenciaría durante 365 días de congruencia entre discursos y acciones. 

 

La gratitud emana de la humildad. Hacer sentir bien a los demás es propio de alguien que está al servicio de otros y no a la inversa. Esta no es compatible con el egocentrismo ni con el narcisismo. Sin embargo, ver felicidad en quien recibe el reconocimiento también provoca una sensación de placer en quien lo expresa auténticamente. Los gerentes con verdadero liderazgo dejan el formalismo y las ceremonias para conectarse con su equipo, día a día, desde su corazón; ellos no lo hacen frente a las cámaras ni con bombos y platillos.

 

En la persona que agradece hay bondad, grandeza de espíritu, generosidad y desprendimiento. Con respecto a sí misma, mira con regocijo su esencia y sus cualidades, en lugar de quejarse por sus carencias. Aprecia lo mejor del otro y es justa al autovalorarse y al valorar a sus semejantes. Ser agradecidos también nutre la realista convicción de que no somos del todo independientes, vivimos en constante interdependencia, necesitamos de apoyo, nos complementamos como humanos.

 

Quien agradece siente paz. También se puede tocar el alma de aquel al que se le agradece algo, claro está, si este está "vacunado" contra la vanidad. De modo que, el vocablo "gracias" debería abundar en las escuelas, en las empresas y, muy especialmente, en las familias; así se constituiría en un hábito, en una llave de acceso a relaciones menos transaccionales y más auténticas. El desinterés por recibir siempre algo a cambio sería un regalo que alguien se hace a sí mismo.

 

Lo contrario a la gratitud es la ingratitud. La cometen quienes le atribuyen a la suerte los resultados obtenidos gracias al apoyo de otros, los que esconden a los héroes de sus victorias para aplaudirse y provocar ser aplaudidos, los que −prisioneros de su orgullo− prefieren la distancia, evitan el cara a cara para no dar el reconocimiento a otros.

 

Según una máxima hebrea, "El que da no debe volver a acordarse, pero el que recibe nunca debe olvidar". Son muchas las virtudes que se requieren para poseer la de la gratitud, por eso suele ser escasa; pero quien la posea provoca su multiplicación en su entorno... ¿sucede así en su empresa?

Germán Retana, Comité Editorial, Paciente al día. Costa Rica