//Maleta y Petaca.

Maleta y Petaca.

Cuando nacemos traemos dos piezas de equipaje. Una maleta muy elegante cuyo tamaño depende de nuestros ideales y aspiraciones. La otra, una sencilla petaca, siempre mantenida en oculto.

Con el paso de los años, en la maleta colocamos todo aquello que queremos mostrar: viajes, joyas, coches, dinero y logros llenos de orgullo y dignidad. Pero, en el fondo, todo esto tiene un límite.

Por otro lado, en la petaca, ponemos los sentimientos que hemos compartido en la vida, obras que dan felicidad, abrazos de aliento, sonrisas y actividades que llenan el espíritu humano. Esta última pieza de equipaje tiene la particularidad de poderse abrir a diario; la otra, solo se llena en puntuales oportunidades.

La petaca tiene otra característica muy especial. Cada vez que se usa, se percibe mas grande. A pesar de pretender llenarla, se nos vuelve una necesidad colocar en ella más y más contenido y al hacer esto, la felicidad que se recibe es cada día mayor.

Al final de nuestros días, solo podremos llevar con nosotros una sola pieza. La maleta que tanto empeño hemos puesto en llenar, se deja para que las futuras generaciones discutan por su contenido y luchen por tenerla.

La humilde petaca, va con nosotros en el viaje que emprendemos ese día, la cual será necesaria para entrar al lugar de felicidad añorado por todos. Si está llena, el paso por la “aduana” será más fácil. Si está vacía o no la llevamos con nosotros, habrá problemas para allí permanecer.

Usemos la maleta para el bien obrar. Llenemos la petaca para lograr un futuro feliz. Vamos todos a hacer por vivir y a compartir los talentos que un día recibimos del ser supremo, para así cumplir con su mandato.