Cuando cierre los ojos.
Daniel Tobito Acosta.
Comité editorial.
Siempre Adelante.
Cuando cerramos los ojos, por lo general nos envolvemos en nuestra rutina. No existe para muchos algún momento al que se pueda partir en busca de tranquilidad. Así era para mí la vida hasta mi voluntariado.
Cuando cerramos los ojos, por lo general nos envolvemos en nuestra rutina: que vestido nos pondremos mañana; el dinero que tenemos, es frecuentemente nuestro pensamiento. No existe para muchos algún momento al que se pueda partir en busca de tranquilidad. Así era para mí la vida hasta mi voluntariado. Un día cualquiera me vi puesto en un situación poco usual para muchos, pero invaluable para cualquiera. De pronto, me encontraba frente a una piscina olímpica llena de niños y gritos de ánimo de familiares entrenadores y amigos.
En mi búsqueda por diferenciar cada porra para su respectivo competidor, la vi. Era una niña que nadaba sin pausa y que me hipnotizó con su fuerza e incansable continuar. Entonces las voces se separaban hacia ella y pude saber que se llamaba Carolina. Mientras avanzaba me explicaba sin haberme conocido, que la vida no era en realidad tan complicada. Me dejé llevar por su elegancia de ángel sobre el agua. En ese momento un personaje, conocido por todos en aquel recinto, se acercó a decirme que estos niños enseñaban cosas que mucha gente no entendía y que no era capaz de separar de su mente cuando cerraba los ojos en las noches. Ahora, que ha pasado un tiempo desde ese momento, nada me trae más tranquilidad que ver a Carolina nadar cuando cierro los míos.
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