Puntos de quiebre

¡No va más, he decido hacer este cambio! ¡Esta relación se termina ahora mismo! ¡Renuncio! ¡Desde este instante, mi desempeño será absolutamente superior! ¡Acepto esta nueva posición! Estas y muchas otras expresiones anuncian un "antes" y un "después." Las tipificamos comúnmente como "puntos de quiebre," para enfatizar el giro radical en comportamientos, vínculos, modos de pensar, hábitos y niveles de rendimiento en diversos ámbitos de la de vida.

Displicencia: Renuncia a la excelencia

Las cosas hechas a medias terminan mal. No prestar debida atención a las personas, a los compromisos y a los asuntos relevantes, es condenarse a resultados tambaleantes. Bien decía Confucio: "Si una persona sabia comete una conducta displicente, no inspirará respeto; si se limita a estudiar, sus conocimientos no serán profundos. Debe ser sincera, fiel y actuar de buena fe." La organización que renuncia a la displicencia sabe que se enrumba a la excelencia; pero, qué debe eliminar de su cultura para emprender esta travesía?

¿Es complejo ser simple?

En una conversación, una palabra innecesaria; en el fútbol, un movimiento de más, y en la empresa una decisión ambigua. Estos son apenas tres ejemplos cotidianos de lo que sucede ante la ausencia de la simplicidad. Sin ella, surgen conflictos interpersonales, fracasos deportivos y metas inalcanzadas. ¿Resulta complejo ser sencillos, fluidos y simples?

Micro Infartos de Confianza.

Antes de adentrarse en la lectura de esta columna, le sugiero ordenar los conceptos que a continuación se mencionarán, según la secuencia que a su parecer debe darse en personas, equipos y empresas que intenten alcanzar grandes hazañas: compromiso, visión, profesionalismo, alto rendimiento, inteligencia emocional y autoconfianza. ¿Listo? Bien, ahora, qué le parece la siguiente propuesta?

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