Las preocupaciones trastornan estados de ánimo porque atrapan a las personas en situaciones pasadas no superadas, o en ansiedades sobre el futuro. Se originan en la incertidumbre o el negativismo sobre lo que puede ocurrir y en la creencia de ser débiles para superar las adversidades. La rigidez de pensamiento crea una sensación de peligro, cuando frente a exigencias de cambio se reacciona con indiferencia, agresión hacia los transformadores o evasión de la realidad que incomoda. La preocupación inunda la mente, perturba las relaciones, resta serenidad para discernir y es contagiosa.