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Editoriales

Amor y odio, ... , amistad o enemistad?

Ambigüedad de sentimientos, injusticia de ellos, es lo que se encuentra en algunos pacientes al terminar la relación médico-paciente. Necesidad que endiosa al galeno, reconocimiento económico que lo degrada.

2001-11-10

No es infrecuente encontrarse ante situaciones de angustia. Un accidente, alguna enfermedad grave o simplemente la duda respecto a la "mala función del organismo", hace que una persona busque con urgencia la ayuda de un profesional de la salud. Mientras existe la necesidad, el paciente sufre con angustia y los familiares bendicen al hombre sabio vestido de blanco.

Durante los siguientes días, la biología natural del ser humano no evoluciona tan perfecta como debería ser y los múltiples "amigos" del enfermo inician su consabida "aplicación de la medicina empírica", muchas veces bañada en aromas de sabia ignorancia atrevida. Viene la incredulidad de lo tradicional, la creencia en lo sobrenatural y la aplicación de consejos ancestrales.

El desenlace final puede ser variado. Desde el triste, fatal e inevitable amanecer, hasta el alegre atardecer que inicia la carabana de regreso al hogar lleno de medicamentos, recuerdos y heroicas anécdotas que ponen al paciente en el libro de las maravillas mundiales. En todo caso, el primero conlleva un transfondo de la incapacidad del médico y el segundo una fortaleza del paciente. En el momento de cancelar los honoraros al profesional, estos no se justifican, pues nunca fue necesaria su actuación.

Que poco agradecimiento existe en ocasiones para una persona que dedica horas enteras en ayudar a su amigo, enfermo y necesitado, que lucha con sus pocos conocimientos para vencer a un enemigo conocido, pero caprichoso. La buena voluntad del médico, es en pocas oportunidades tomada en cuenta. No siempre se gana, algunas se pierde, pero lo cierto es que todas las veces se debe reconocer la sincera honestidad del médico.

Comité editorial.

 


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