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Amable agradecimiento.
Muchas veces en la vida las personas se vinculan a una institución, a una idea o filosofía, a una persona que hace un favor u obligación profesional. Los amores u odios son ganados a nombre personal o del grupo representado.
2001-09-23
En la vida hay oportunidades en las cuales las personas se relacionan con instituciones, creen en su filosofía y se entregan a ella en cuerpo y alma. Durante horas enteras piensan y sufren con el respaldo de la filosofía por ellos compartida y están felices de hacer parte de un grupo humano idealista. Horas de generoso desvelo se ven cegadas por la circunstancia puntual, cuando cambian las directivas de la entidad. En ese momento, el bondadoso quijote ve a otra persona llegar a su puesto, sin haber recibido la notificación respectiva por parte de su nuevo amigo y jefe.
A otro nivel, el paciente se entrega en manos de un médico, el cual ofrece en forma espontanea horas de su merecido descanso para velar responsablemente por la salud de su enfermo. El paciente no ve o siente los sufrimientos de su doctor. Al final de la relación médico-paciente, se puede presentar cualquier circunstancia trivial que borra completamente los maravillosos momentos compartidos entre ambas personas. El recuerdo es negativo y el agradecimiento nulo.
Quijotes, médicos y pacientes todos somos unos. El ideal en la vida es estar felices con los momentos vividos. No esperemos agradecimientos, estemos prestos a darlos y no olvidemos que muchas veces la joven inmadurez de la vida hace que alguien olvide las lógicas reglas de la elemental amabilidad que nos recomiendan usar la palabra más grande y poco usada en la vida: GRACIAS.
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