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Médico paciente.
En muchas oportunidades los médicos no sentimos la angustia de un paciente congojado. Damos instrucciones, hacemos caso al conocimiento médico y somos sordos ante la súplica del enfermo.
2001-09-15
Desde el inicio de los estudios médicos los estudiantes son enseñados a expresar sus conocimientos médicos y a estudiar al máximo su profesión. En repetidas oportunidades, el corto tiempo para cumplir con las responsabilidades asistenciales hace que se olvide al ser humano y se piense solo en la enfermedad que representa.
Solo le falta al médico un detalle para ser completo: ser paciente. Cuando el profesional de la salud ingresa a un hospital, desprovisto de su "alo" científico protector y se convierte en un simple "dueño de una patología", éste se da cuenta que el enfermo es algo más que estadísticas.
Es triste ver como en su "hospital madre" o lugar de trabajo original, para el médico no existen problemas, y no se pregunta que le puede inquietar al paciente. La aburrida burocracia administrativa es aplicada al extraño y nunca sufrida por el conocido. El reconocido anonimato aplica en su totalidad para el paciente extraño, lo cual es completamente desconocido para el enfermo de importancia social o administrativa.
Ojalá algún día los directivos hospitalarios sientan lo duro del anonimato, lo difícil de la burocracia administrativa y comprendan que un lecho de enfermo debilita a todo ser humano. Es en esta situación que enfermos de cualquier posición social o científica, necesitan de una cara amable, una voz de aliento. Hacerle fácil las cosas a un enfermo, es tan importante como darle el adecuado antibiótico. El recuerdo final marca la diferencia entre volver o un amargo olvido.
Comité editorial.
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