
Dentro de los síntomas encontramos los digestivos como las agrieras, acidez en la parte superior del abdomen, dolor en el centro del tórax y el aumento en la salivación y náuseas. En los extra-digestivos tenemos la tos crónica, los cambios en las características de la voz, afonía o disfonía frecuente, dolor de garganta y mal control del asma.
El diagnostico es clínico en su primera fase, según los síntomas del paciente y algunos hallazgos en la garganta (enrojecimiento, gránulos), esmalte dental comprometido, etc. Cuando el reflujo se vuelve persistente, conviene la realización de una Endoscopia de Vías Digestivas Altas en búsqueda de compromiso irritativo, ulceras u otras lesiones en el esófago y estómago.
El tratamiento del reflujo gastroesofágico consiste en medicamentos que disminuyen la producción de ácido a nivel gástrico. Cuando falla el tratamiento con medicamentos, se considera la realización de cirugía anti-reflujo, la cual no ha demostrado ser más efectiva que dar tratamiento farmacológico con dosis altas, pero sí tiene riesgo de complicaciones como infección, sangrado, inmovilidad y dolor.
Debido a que las condiciones que pueden favorecer el Reflujo Gastroesofágico son la obesidad, las comidas excesivas y las alteraciones del tránsito intestinal, se recomienda bajar de peso, abandonar el hábito de fumar, no consumir alimentos tres horas antes de acostarse, prescindir del uso de ropa muy ajustada en el abdomen y evitar el consumo de alimentos como cítricos (en especial en ayunas), menta, ají, condimentos, tomate y pimentón, bebidas gaseosas, exceso de café, alimentos artificiales con colorantes y preservantes.
Fuente: linksalud
Jazmín Morales
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