
Estas categorías son: Los que son tan serios que no disfrutan el
humor, los que poseen tanto humor que no asumen con seriedad sus
responsabilidades y los que alcanzan un adecuado balance entre
seriedad y humor.
¿Cómo es el suyo? ¿Cómo es usted?
La seriedad de la risa.
"La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que
jugaba cuando era niño," dice Federico Nietzche. Es curioso, pero
todos los días confirmamos que la magnitud del éxito de las
organizaciones es proporcional a la seriedad con la que sus miembros
asumen sus responsabilidades, sin perder el humor.
De esa seriedad nace la confianza en los demás y en uno mismo, pues se
sabe que lo que se promete se cumple y lo que se dice se hace. Los
miembros del equipo toman en serio el desafío de ganar porque creen en
la palabra de sus compañeros, de darse al máximo de su potencial. Es
un modo de proteger lo que todos valoran y por eso se rinden cuentas
unos a otros sin darle tregua alguna a los comportamientos mediocres.
La exigencia por el alto desempeño es una norma de los triunfadores.
Las personas serias son implacables en su persistencia, exhiben una
innegociable disciplina para procurar las metas y jamás se alejan,
física ni mentalmente, de la tarea que tienen pendiente. No descansan
hasta verificar que sus aspiraciones son realidades.
No obstante, esa misma seriedad provoca, paradójicamente, otro
comportamiento que lejos de ser opuesto es un gran complemento: el
humor. A lo mejor el tener la conciencia tranquila por trabajar al
máximo nivel permite, en forma natural, disfrutar los retos, gozar al
construirlos junto a otros, aprender de los errores, y discernir entre
lo crucial y aquello por lo que no vale la pena sufrir ni preocuparse.
Los equipos de trabajo la pasan mejor cuando ríen juntos. Según un
proverbio escocés, la sonrisa cuesta menos que la electricidad y da
más luz. Para Víctor Borge, la sonrisa es la distancia más corta entre
dos personas. La seriedad en el quehacer estimula la alegría de crear
algo juntos y eso hay que disfrutarlo, vivirlo intensamente, unidos en
las buenas y en las malas. En un equipo así, hay tiempo para todo.
El humor fino une, genera creatividad, desintoxica tensiones, crea un
lenguaje común, desafía el intelecto, reanima en las caídas y energiza
al equipo. Allí no caben los amargados ni los que pierden el tiempo
reclamando culpas pasadas.
Es incómodo trabajar junto a los que confunden ser serios con la
ausencia del humor.
Thomas Carlyle dice: "El hombre incapaz de reír no solamente es apto
para las traiciones, las estratagemas y los fraudes, sino que su vida
ya es una traición y una estratagema."
Los serios ríen, pues de lo contrario no serían serios al entender
que, pase lo que pase en esta vida nadie, sale vivo de ella y que,
entonces, es mejor disfrutar del humor, llamado por Tomás de Iriarte,
"el idioma universal de los inteligentes."
Germán Retana.
Comité Editorial.
Paciente al día.
Costa Rica.
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