El comportamiento sexual de Churchill era moderado, pero en ningún caso anormal. No fue un Don Juan especialmente agresivo a sus 25 años, a pesar de haber crecido en una de las sociedades más machistas y de todas las oportunidades que tenía como oficial de caballería, con su uniforme impecable lleno de medallas y los bellos caballos que montaba y conducía en forma magistral.
Situaciones tales como sus frecuentes estados depresivos, y el hecho de haber visto agonizar y morir a su padre de sífilis, enfermedad de transmisión sexual , y de estar siempre en exceso ocupado en la preparación de discursos y conferencias, definitivamente influyeron para que Winston considerara el sexo como algo secundario y hacerle pensar que la genitalidad ocasional era algo superfluo y sin mayor importancia en la vida.
Si hubiera sido un apasionado sexual los médicos de esos tiempos lo habrían clasificado como un sátiro y para el satirismo recomendaban: evítese la continencia demasiado prolongada y reprímase la masturbación; prohíbase la lectura de libros obscenos y suprímase las causas de irritación local: oxiuros, eczema del escroto, herpes genital; se combatirá la irritabilidad genital; ordénense bromuros alcalinos, sedabrol, gardenal, alcanfor y prescríbanse hipnóticos; recúrrase a los semicupios de agua corriente tibia de dos a tres minutos de duración, seguidos de una ducha general tibia, dirigida principalmente sobre la columna vertebral; ensáyense las inyecciones epidurales de novocaína. Si se considera necesario, reclúyase al enfermo. De todas estas recomendaciones galénicas se libró Churchill.
Tomado de: La historia médica de Winston Spencer Churchill. Página 65. Ricardo Rueda González, MD.
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