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Medicina
La denominada medicina alternativa.
Con muy contadas excepciones, la medicina científica o alopática no ha sabido, ni ha querido, aceptar estas prácticas o convivir con este fenómeno que, a pesar de no ser nuevo, ha resurgido con inusitada fuerza en las últimas décadas. Uno de los errores, sin embargo, ha sido equiparar a todas las prácticas médicas, mágicas y religiosas como si se tratasen de una sola perspectiva del proceso salud-enfermedad. Aunque aquí se traten los conceptos generales de la atención en salud que se aparta de la tradición científica occidental, cada una de estas ‘medicina alternativas’ merece un tratamiento individual diferente.
UNA HISTORIA LARGA DE DESACUERDOS.
La existencia de varios enfoques nosológicos y terapéuticos, ajenos a la corriente principal del conocimiento científico, ha caracterizado a la civilización de occidente. En la España del siglo XVII, por ejemplo, una amplia gama de profesionales, empíricos y brujos ejercía el arte de curar en España.
Los profesionales, médicos o físicos y cirujanos latinos, estaban respaldados por títulos universitarios de las universidades de Alcalá y Salamanca, principalmente, a las que luego se sumaron las de Valencia, Zaragoza y Huesca.
A estos los seguían los algebristas (ortopedistas empíricos equiparables a nuestros actuales sobanderos); los barberos sangradores (que colocaban sanguijuelas y extirpaban muelas); y las parteras comadronas; los hernistas; los litotomistas o sacadores de piedras; los oculistas o batidores de la catarata; y los especializados en la cura de la tiña, entre otros muchos.
Autor: Fernando Guzmán Mora, MD.
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