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Etica medica  


Una ética social no utilitarista: planteamientos de Kant.
Quizás la comunidad actual deba regresar un poco a los conceptos básicos y a las normas mínimas de convivencia social. Una de las fuentes de pensamiento más importantes es la filosofía kantiana. El filósofo de Konisberg trabajó una serie de conceptos de enorme profundidad, con el objeto de fundamentar la ética a la luz de los principios del deber y de la conservación del individuo y la especie.

LA ÉTICA KANTIANA.

En opinión de Kant, los principios prácticos son máximas, cuando el sujeto los considera válidos sólo en relación con su propia voluntad. Son imperativos cuando poseen un alcance objetivo y toman la forma de un ‘deber ser’ .

Estos Imperativos pueden ser hipotéticos cuando prescriben bajo ciertos supuestos (si quieres ganar la carrera, debes entrenar todos los días) y categóricos cuando ordenan en términos absolutos e incondicionales, es decir, los imperativos categóricos son las verdaderas leyes morales (Ej.: se debe decir siempre la verdad). Como tales, pueden coaccionar la voluntad individual a través de un mandato, en razón a que representan una voluntad universal. Las características de los imperativos categóricos son su autonomía y su universalidad.

El ser humano tiene dos dimensiones dentro de sí: el instinto, gobernado por el principio del placer, y la razón, gobernada por el principio del deber.

Para obrar en forma racional, haciendo prevalecer los principios morales esenciales (imperativos categóricos), sobre las inclinaciones naturales o instintivas, el hombre debe poseer la fuerza interior necesaria, el sentido claro del deber, la capacidad de actuar por fines nobles sacrificando, si es necesario, su propio bienestar.

Es precisamente aquí en donde Aristóteles intenta responder a la pregunta ¿qué es la felicidad?

“…Nuestra definición está de conformidad con aquellos que identifican la felicidad con la virtud o alguna virtud, porque la actividad virtuosa tiende a la virtud.” (capítulo VIII)

Explica luego el significado:
“[...] Por virtud humana queremos decir, no la corporal, sino la anímica; y en cuanto a la felicidad la llamamos también actividad del alma. Pero, de ser como decimos, es evidente que el investigador en política debe conocer de algún modo o medida los hechos sobre el alma, de la misma manera que el que tiene que curar los ojos o el cuerpo; y mucho más cuanto la política es más honorable que la medicina; pero aun entre los médicos el mejor instruido entre ellos dedica gran parte de sus trabajos a la adquisición del conocimiento del cuerpo.” (capítulo XIII)

Y luego de advertir que, tratándose de la conducta, el valor de un acto es eminentemente relativo, concluye que “la virtud es un hábito apto para ejercitar acciones deliberadas, que está en el justo medio relativo: es decir, el medio con relación a nosotros, determinado por un principio racional, y por cuyo principio el hombre prudente lo determinaría. La virtud es punto medio entre dos estados viciosos: uno en el sentido del exceso y otro en el sentido del defecto; [...]” (capítulo VI)


Autor: Fernando Guzmán Mora, MD.
 
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