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Cirugía plástica
Infidelidad femenina y la cirugía plástica.
LA INFIDELIDAD FEMENINA DIO ORIGEN A LA CIRUGIA PLASTICA
Y no fue precisamente reconstruyendo hímenes, sino narices.
Por ese entonces, el oficio de manejar quirúrgicamente los tejidos y de curar heridas, casi todas produciendo el “laudable pus”, era una ocupación denigrante y por ello la ejercían los koonas o alfareros. No cabe duda de que los cirujanos, después de 40 siglos hemos ganado un poco en estatus social. En los libros sagrados de la India, los Vedas, especialmente el Rig-Veda y el Atharva-Veda (1500 a. C), escritos en sánscrito clásico, se describen estas cirugías. Más tarde, Susruta (75 a. C.) escribió los textos básicos de la cirugía hindú e incluyó estas técnicas.
De la India, los conocimientos quirúrgicos pasaron a Egipto. En los papiros de Ebers (1502 a. C.) y de Edwin Smith, se encuentran algunas referencias tangenciales de injertos de piel tomados de la región glútea, después de producir una anestesia de la zona por medio de golpes. Pasó un largo periodo sin que se escribiera nada sobre cirugía plástica., hasta que Aulos Cornelius Celsus (25 a. C. – 50 d. C.) reuniera en sus 8 libros “De Re Medica”, todos los conocimientos médicos y quirúrgicos de los hindúes, los árabes, los egipcios, los griegos, los hebreos y los romanos, hasta sus días. En este tratado se describen operaciones de reconstrucción de nariz, labios y orejas, tomando colgajos de vecindad. Es el mismo Celsus que hace 2000 años describió magistralmente los 4 signos cardinales de la infección-inflamación: tumor, dolor, calor y rubor. Es el verdadero precursor de la cirugía plástica.
En los signos VI, VII y VIII, la cirugía, y por ende la cirugía plástica, se frenó. El Corán prohibió la salida de sangre en los humanos producida por médicos. La iglesia romana prohibió las disecciones realizadas en humanos y la corrección de las malformaciones congénitas o adquiridas, porque se oponían a los designios divinos. Luego, durante el comienzo del Renacimiento, cuando los europeos nos regalaron la lepra y la viruela y nosotros les dimos en compensación la sífilis y el paludismo, apareció en Italia una familia de médicos cirujanos, los Branca, que revivieron las técnicas hindúes de reconstrucción de nariz. Pero fueron más adelante. Para no dejar cicatrices deformes en la frente, tomaron del brazo del mismo paciente un colgajo de piel para reconstruir la nariz. Más tarde, un cirujano de Bolonia, Gasparo Tagliacozzi, autor de la obra “De Cortorum chirurgia per incitionem”, publicado en Venecia en 1597, mejoró la técnica de los Branca, la describió y la ilustró. Por ello se le considera el padre de la cirugia reconstructiva nasal. Su atrevimiento no fue del agrado de la inquisición, Lo persiguió y finalmente lo condenó a muerte. Sus libros fueron lanzados a hoguera en la plaza pública. Afortunadamente algunos ejemplares se salvaron. Yo tengo la satisfacción de poseer un facsímil, muy bien editado en México por el profesor Fernando Ortiz Monasterio.
De Europa la cirugía plástica pasó a Norteamérica y de allí se extendió por el resto del mundo Americano. Pero cuando realmente la cirugía plástica cobró independencia de la cirugía general, fue a raíz de la primera guerra mundial (1914 – 1919). Quedaron tantos miles de civiles y militares destrozados por las armas de fuego, las quemaduras, los accidentes, etc, que se vio la necesidad de que un grupo de cirujanos se dedicara exclusivamente a estos casos. Ya, desde comienzos del siglo XX se estaba haciendo cirugía estética. Hoy, un 17% de las cirugías que se realizan en cualquier institución hospitalaria, corresponde a alguna de las ramas de la cirugía plástica: piel, manos, cara, tronco, senos, órganos genitales externos, quemaduras, anomalías congénitas, estética, microcirugía, etc. Sin pecar de pedantes, podemos decir la cirugía plástica es una de las especialidades más extensas, si es que no es la más extensa.
Autor: Felipe Coiffman, MD. FACS.
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