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Bioética  


Que es la muerte?
Infortunadamente, la mejor definición sigue siendo: muerte es lo contrario a la vida. Y el hecho concreto es simple: es difícil enfrentar la transformación del movimiento en quietud permanente y presenciar el cambio de la actividad vital de un ser humano por la desagradable presencia de un cadáver cuya temperatura se enfría progresivamente y del que ya no podemos obtener respuestas, sensaciones o impulsos fisiológicos. En resumen, se ha perdido la comunicación por completo.

ASPECTOS BIOLÓGICOS.

El ser humano puede ser definido en términos puramente pragmáticos como una unidad masa-energía compuesta por millones de células especializadas, organizadas en grupos particulares, en constante actividad y movimiento y en alerta a un estado de permanente agresión por agentes externos e internos que buscan reducir dicha organización a estados biológicos más sencillos dentro de la estructura del universo.

Aquí cobra importancia la frase del Eclesiastés: “[...] Todo va a parar a un mismo lugar; de la tierra fueron hechas todas estas cosas y en tierra o polvo vuelven a parar”.

De este combate permanente entre el cuerpo y su ambiente agresor, de la capacidad de las células de adaptarse, sobreviene el estado de salud enfermedad o muerte. Sabemos en términos biológicos que existen sistemas intracelulares particularmente sensibles a lesiones críticas y de los cuales depende la muerte celular, tan elegantemente estudiada en el microscopio del patólogo y cuyas manifestaciones visuales pueden adornarse mediante tinciones complicadas que definen los diferentes tipos de muerte o necrosis (necrosis de coagulación, de licuefacción, necrosis gaseosa, etc.) y que son el reflejo de alteraciones severas en los mecanismos de respiración aeróbica, provisión energética, síntesis proteica, conservación de las membranas y reproducción celular.

La ciencia cree saber sobre la muerte celular hechos tan incontrovertibles, que algunas frases dentro de los mismos textos de patología sorprenden por cuanto ponen al descubierto nuestra real ignorancia: “La transición de la vida a la muerte es igualmente difícil de precisar para la célula como para el organismo considerado globalmente.”

Este intento de la ciencia por definir la muerte del hombre, se estrella contra la barrera ideológica. John Eccles, premio Nobel de Medicina y Fisiología, dijo en “Muerte y Cerebro”: “creo que la ciencia ha ido demasiado lejos al romper la creencia del hombre en su grandeza espiritual y le ha dado la idea de que es meramente un animal insignificante que surgió por azar y necesidad en un planeta insignificante en la gran inmensidad del cosmos. Debemos aceptar el gran desconocimiento de la física y la fisiología de nuestros cerebros, de las relaciones de mente y cerebro y de nuestra imaginación creadora”.


Autor: Fernando Guzmán Mora, MD.
 
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