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Incontinencia urinaria de esfuerzo.
Introducción.

Mas adelante, en 1961, se introdujo la cirugía de Burch. (2) Este procedimiento, que conservaba la eficacia del previo, marcó un cambio al reducir notablemente algunas complicaciones graves del Marshall-Marchetti-Krantz tal como fue descrito originalmente. En su concepción original, eran frecuentes las estrecheces uretrales, la incontinencia tipo tres y la osteítis pubis.
Las siguientes décadas ofrecieron nuevas opciones. Esta vez el esfuerzo se dirigió a la búsqueda de procedimientos menos invasores, concepto que abarca la reducción en la morbilidad, el tiempo quirúrgico, la estancia hospitalaria, la convalecencia y el tamaño de la incisión. Es así como vemos la aparición de las técnicas de Pereyra en 1959, (3) Stamey en 1973 (4) y Raz en 1981 y 1988 (5, 6)

En las últimas décadas del siglo se dio un nuevo giro con la aparición de nuevas técnicas pero esta vez asociado a la comercialización de diversos materiales y dispositivos. Esta vez el escenario es más confuso, se podría afirmar que la nueva revolución es la introducción de procedimientos más eficaces y de menos morbilidad. Sin embargo, esto no está probado y en cambio si es clarísimo el interés comercial que impregna el tema. Desde que se hicieron evidentes las enormes posibilidades monetarias de esta patología, ha habido una notable intervención de la industria en los eventos científicos y en los medios de comunicación masiva. Es prudente mirar todo este movimiento con menos entusiasmo y esperando que la prueba del tiempo defina que es realmente benéfico para las pacientes.

Es mas, vale preguntarse si las llamadas nuevas técnicas en realidad son nuevas. La mayoría son procedimientos con una modalidad antecesora similar de la cual se han cambiado los materiales, o el abordaje, o las indicaciones (un ejemplo que abarca esas tres situaciones es la utilización de algunos cabestrillos en incontinencia tipo dos). Esto hace que la revisión de esas llamadas nuevas técnicas obligue a considerar sus antecesoras.


Autor: Adolfo Serrano A., MD.
 
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