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Bioética
Ejercicio moral de la cirugia.
EL EJERCICIO MORAL DE LA CIRUGIA.
JOSE FELIX PATIÑO RESTREPO, MD, FACS (Hon).
La cirugía se ejerce “con la mente, con el corazón y con las manos” (British Medical Associaton).
Con la mente, porque es un proceso intelectual inductivo (que parte del conocimiento de hechos para establecer proposiciones generales) y también deductivo (que parte de hechos generales reconocidos para definir principios fundamentales).
Con el corazón, porque conlleva un propósito humanitario y una actitud de compasión, respeto y amor.
Con las manos, porque la cirugía, desde Hipócrates, es la terapia que se ejecuta mediante procedimientos manuales y con el uso de instrumentos. Como tal, es un arte, porque en la expresión del ejecutor sólo cabe la perfección.
La perfección de la ejecución resulta del conocimiento, de la capacitación, de la habilidad y de la experiencia del ejecutor. Esto se denomina idoneidad. Sólo quien posea idoneidad debe ejecutar la cirugía. Porque la cirugía es eminentemente intervencionista y porque afecta profundamente al organismo y a la función vital, conlleva la más formidable responsabilidad entre todas las actividades humanas.
En conclusión, la cirugía es una actividad intervencionista basada en conocimiento, gobernada por el razonamiento y ejecutada con compasión y perfeccionismo. De su práctica, con tales características, deriva el cirujano satisfacción y felicidad, concebidas éstas como una condición anímica consonante con el ejercicio de la virtud humana, y ésta, según el precepto aristotélico, como la excelencia del alma.
La virtud del alma es de dos tipos: intelectual y moral. La de tipo intelectual, que comprende sabiduría, inteligencia y prudencia, se deriva de la facultad de razonar; la de tipo moral, que comprende liberalidad y moderación, corresponde al elemento irracional del alma, debe ser obligada a actuar en concordancia con los dictados de la razón. La virtud intelectual es el resultado del conocimiento; la virtud moral de los hábitos y costumbres.
Las virtudes morales no son naturales, en el sentido de que se nazca con ellas, sino que el hombre las posee desde su nacimiento como una capacidad para desarrollarlas mediante el buen hábito, son las virtudes del carácter, las que se relacionan con la manera de actuar y con la manera de ser.
En la cirugía la virtud intelectual gobierna el diagnóstico y la toma de decisiones; la virtud moral gobierna la acción y resulta de la disciplina.
En cirugía, el marco de la ética nicomaquea, es un acto bueno si logra el propósito que se pretende. Pero calificarlo de bueno es necesario definir con precisión el propósito, que en última instancia no es extirpar, reparar o reemplazar un órgano enfermo, sino mejorar la calidad de la vida del paciente.
El cirujano ingresa a la profesión con una vocación moral y desarrolla sus virtudes morales mediante hábitos disciplinados en su propósito de llegar a la excelencia en la ejecución.
Recuerda Luthringer que en la cultura occidental, desde sus orígenes de la antigüedad clásica, la primera preocupación ética fue alcanzar la virtud mediante la modulación del carácter y la voluntad para producir actos morales. Luego, en las últimas tres centurias, la preocupación se ha desviado hacia definir principios y establecer reglas que sirvan como guías para un comportamiento moral. Actualmente se asume qué es lo que hacemos, no lo que somos, lo que reviste importancia primaria.
Pero la definición de principios y el establecimiento de normas que guíen el comportamiento ético no garantizan una acción moral más que un carácter virtuoso por parte del cirujano, puesto que así como una buena motivación puede dar lugar a un comportamiento inmoral, las regulaciones pueden ser manipuladas o abusadas por aquellos con intenciones indebidas.
Autor: Jose Felix Patiño Restrepo, MD.
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