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FARMACOTERAPIA EN EL PACIENTE DE EDAD AVANZADA
FARMACOTERAPIA EN EL PACIENTE DE EDAD AVANZADA No existe ningún límite preciso entre la edad adulta y la vejez y, de hecho, son muchas las críticas que se han hecho a los intentos de encasillar en un mismo grupo de edad a aquellas personas que, una vez alcanzado el período de la madurez tanto física como emocional, mental y productiva, comienzan a ingresar lentamente en un período de menor productividad y de progresivo deterioro en las funciones generales del organismo.La mayoría de las clasificaciones aceptan como límite superior de la edad madura y comienzo de la vejez los 65 años de edad (algo muy similar a lo que la mayoría de las legislaciones en el mundo occidental establece como tiempo o edad de retiro, aunque cada vez es mayor la tendencia a elevar esta edad a los 68 ó 70 años). De acuerdo con una de las clasificaciones más aceptadas se hablaría de viejos jóvenes entre los 65 y los 74 años de edad, viejos intermedios entre los 75 y los 84 años y viejos viejos por encima de 85 años. Sin embargo, como veremos, es en realidad bien poco lo que una clasificación como ésta se correlaciona con el estado de los pacientes después de sobrepasado el límite impreciso en el que empieza a dejarse atrás la madurez y se empieza a envejecer. Existe, pues, mucha confusión con respecto al límite de edad a partir del cual podemos considerar a alguien como viejo. La confusión se debe en parte a que el proceso de envejecimiento no guarda correlación exacta con la marcha del tiempo. Dicho proceso, no es otra cosa que la serie de cambios moleculares, celulares, tisulares y orgánicos relacionados con la edad y se presenta en los individuos que se empiezan a acercar al límite máximo de duración de la vida (límite que se encuentra genéticamente determinado para cada especie y que para el ser humano estaría aproximadamente situado hacia los 110 años de edad, aunque obviamente en las condiciones actuales de desarrollo científico técnico dicho límite se alcanza pocas veces debido a la presencia de enfermedades, alteraciones nutricionales, traumatismos repetidos etc. ). Todos hemos conocido personas con existencias fructíferas y saludables después del pretendido límite de los 65 años y hemos conocido también personas prematuramente envejecidas como consecuencia de los efectos deletéreos que sobre moléculas, células, tejidos y órganos tienen diversas enfermedades. Los médicos tendemos a confundir muy fácilmente las alteraciones acumulativas secundarias a enfermedades crónicas con los fenómenos exclusivamente debidos al proceso de envejecimiento. Esto es consecuencia de que ambos fenómenos marchan a la par: a medida que pasa el tiempo mayores son los efectos del reloj biológico y mayores son también los efectos acumulativos de los impactos a veces mínimos pero continuos de ciertas enfermedades sobre esas mismas células, órganos y tejidos. Para poner sólo un ejemplo, no es lo mismo un diabético de 80 años quien sufre diabetes desde los 40, que un paciente de 80 años que sufre diabetes desde hace 5. Con toda seguridad el primer paciente se verá y estará más envejecido como consecuencia del impacto continuo de la enfermedad durante los últimos 40 años, más los efectos del reloj biológico, mientras que el segundo paciente a pesar de haber sufrido los mismos efectos del reloj biológico habrá acumulado menos impactos de la diabetes en los 5 años que hace que la sufre. Otra serie de factores como la dieta, el ejercicio, el cigarrillo, el estrés o la paz interior van a influir también de manera definitiva sobre lo que en conjunto conocemos como proceso de envejecimiento pero que, repito, deberíamos diferenciar claramente en cuanto a si se debe en realidad al envejecimiento o si se debe a procesos patológicos mal manejados. El envejecimiento no es pues una enfermedad, es un proceso biológico natural genéticamente codificado y hasta donde sabemos imposible de detener. Enfermedades antaño calificadas de seniles, como la demencia senil, en realidad lo único que tienen de seniles es el hecho de aparecer a esa edad, igual que si dijéramos diabetes juvenil (otro nombre ya desaparecido) o neumonía del adulto. Antaño se atribuía la demencia senil al proceso fisiológico natural de envejecimiento, pero en la actualidad sabemos que ese tipo de demencia en realidad se debe a un proceso patológico con una historia natural precisa asociada al impacto permanente sobre las neuronas cerebrales de enfermedades vasculares, enfermedades metabólicas o incluso virus lentos o priones. Estas circunstancias que harían de la pretendida demencia senil un proceso patológico completamente prevenible si contáramos con los mecanismos para disminuir desde edades tempranas el impacto de la enfermedad vascular, las enfermedades metabólicas o los virus lentos sobre las células del cerebro. Igualmente hay otras enfermedades que antaño se creían correlato ineludible de la edad, como la insuficiencia cardíaca, el enfisema, la aterosclerosis, la osteoartrosis, la osteoporosis, la sordera, la pérdida de la agudeza visual, enfermedades todas que en la actualidad sabemos no son producto del envejecimiento, sino producto del impacto continuo a lo largo de los años, de diversas enfermedades crónicas con efectos acumulativos sobre órganos blanco y por lo tanto enfermedades también completamente prevenibles. Resumiendo, habría que decir entonces que la senecencia o el envejecimiento o la vejez no son otra cosa que el estadío previo al final de la vida caracterizado por una disminución progresiva de las facultades físicas e intelectuales como consecuencia de la disfunción de diversos órganos, y que en ausencia del impacto de enfermedades como las mencionadas, dicho estadío no se alcanza antes de los 80 años, pero que en presencia de dichas enfermedades es muy posible observar personas envejecidas incluso antes de esta edad. Hacia el futuro, si continúan mejorando las condiciones de vida en todo el orbe y si logramos disminuir el impacto de las enfermedades mencionadas y el impacto del estrés sobre la vida cotidiana, abrigamos la esperanza de que la vida humana será incluso un poco más larga y productiva acercándose cada vez más a ese límite teórico de 110 años impuesto por las leyes mismas de la vida y que como decíamos, parece, de momento, insuperable. Como corolario de lo anterior es indispensable que todos los médicos tengamos presente que la presencia de alteraciones funcionales en personas de edad avanzada (mayores de 65 años para mantener la definición legal) debe obligarnos siempre a buscar una causa patológica de la alteración evitando el error tan común de explicar con base en términos como edad o vejez el porqué una persona de edad avanzada se encuentra enferma o incapacitada. Esto permitiría dar vía libre al médico para que investigue en dichos pacientes la presencia de enfermedades tratables o prevenibles. Por tanto el paciente de edad avanzada, por encima de 65, 75 u 80 años, no importa la edad, al igual que todo paciente en medicina, debe ser visto de manera integral por un equipo interdisciplinario capaz de afrontar todos los retos que supone el alcanzar la meta de una adecuada calidad de vida mientras llega el momento de todas maneras inevitable de la muerte. Ahora bien, ante ese reto, los profesionales de la salud estamos siempre en la obligación de conocer adecuadamente la fisiología, la fisiopatología, la farmacocinética y la farmacodinamia en los pacientes de edad avanzada, si es que queremos asegurar a este grupo de pacientes una farmacoterapia adecuada no solo desde el punto de vista técnico y científico, sino también desde el punto de vista ético. Autor: FUNDACION SANTAFE DE BOGOTA
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