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Biografias
Antonio Maria Vargas Reyes, MD.
El doctor Antonio Maria Vargas Reyes era poseedor de grandes atributos personales, que lo hacían agradable al auditorio, manejaba un léxico fluido y erudito, era lógico y claro en sus razonamientos. Transcendía por su legítimo interés en enseñar, así que su biblioteca personal ahora era visitada por quienes la requerían, con toda libertad. Era amigo de sus amigos. En tiempos difíciles utilizó su casa como aula de clase. Su vigor y diligencia lo acompañó toda la vida. Escribió artículos en las revistas que fundaba. “El cólera morbo”, “Las quinas de la Nueva Granada y la fiebre tifoidea”. Con gran detalle disertó hasta de comercio, tema que también le gustaba. Poseía vastos conocimientos de historia universal, de francés, inglés y latín.
Como padre de familia, era tierno y cariñoso, preocupado por la educación de sus hijos.
Perteneció al partido Liberal y por toda su vida se le conoció como empecinado demócrata opositor furibundo de la insurrección y de todo lo que se apartara del orden y la Paz. Nunca transigió con la ignorancia y la charlatanería, y dice GERMAN VARGAS amigo y discípulo suyo, especialmente en la tocante al ejercicio de la Medicina, caso en el cual se mostraba “intolerante y enardecido”. Pero también tuvo que enfrentarse con la ignominia y padecer un episodio que acongojó su alma. Apareció en Bogotá un tegua de nombre MIGUEL PERDOMO, que se decía médico y adivino, y “dotado de poderes sobrenaturales para ejecutar prodigios” quien osó intervenir en forma casi pública, a un “cotudo” de la ciudad, y quien falleció por hemorragia. El tegua acusó al doctor VARGAS de haberlo ordenado matar y organizó una turba que se avalanzó contra su residencia que de no haber sido por sus amigos habría muerto a golpes. Aún cuando la causa del crimen se aclaró mediante autopsia, se demostró que había una herida de arma cortopunzante, producida post-morten, la noche de la cirugía. El doctor Antonio María fue herido de muerte en su orgullo personal y en lo más íntimo de su alma. No pasaron tres días de este insuceso, cuando partió nuevamente para Europa, de donde regresó un año después. Ahora con dos penas muy profundas: la muerte en el Atlántico de su hijo ANTONIO quien había regresado primero, y el episodio con el tal Perdomo. Así, afligido, decidió irse a vivir a Villeta, donde falleció el 23 de agosto de 1873, a los 57 años de edad.
Autor: Jorge Navarro Sanchez, MD.
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