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Opinion
La medicina alternativa
LA PRÁCTICA CHAMÁNICA EN LAS TRIBUS INDÍGENAS COLOMBIANAS
La definición de políticas de salud en comunidades indígenas se ve enfrentada a un dilema de difícil solución. Por un lado están las necesidades de salud de estos grupos minoritarios que, tras siglos de discriminación, y con una carga desproporcionada de enfermedades, sería injusto no atender. Por otro está el respeto por sus culturas (Artículo 7 de la Constitución Nacional), que incluyen conocimientos preventivos y curativos tradicionales, y que por puro desconocimiento y convicción presuntuosa no podemos ignorar.
Pocas personas instruidas en el tema niegan la importancia de los curanderos, jaibanás, brujos o chamanes dentro de una comunidad indígena. La trascendencia de los ‘piaches’ de la Guajira, de los chamanes de los guahíbos del Vichada, del ‘kumu’ y el ‘paye’ de los tukanos del Vaupés, el ‘te-eu’ de los paeces del Cauca o los curanderos de los sibundoyes del Putumayo, no tiene ninguna discusión. Ellos han sido los médicos que les han permitido sobrevivir durante siglos a los indígenas de todo el país.
La Corte Constitucional separa expresamente lo concerniente a la existencia de brujos, chamanes y curanderos en algunas tribus indígenas, con sus prácticas ancestrales, de la pretensión de los empíricos de querer colocarse a la misma altura de los médicos tradicionales indígenas. En el mismo sentido, el Decreto 1811 del 6 de agosto de 1990, establece la diferencia entre la medicina tradicional indígena y la medicina científica, y da algunas indicaciones para articular estos dos saberes.
Una cosa es preservar la cultura indígena de la mala influencia del rezago de cultura europea y anglosajona que busca la imposición cultural y desdeña todo saber ‘primitivo’. Pero cosa muy diferente es permitir que enfermedades que son curables y prevenibles, den cuenta de la preciosa vida de esos seres humanos que son nuestro pasado y nuestra tradición, por humillada que ésta haya sido por los conquistadores españoles.
LA NECESIDAD DE REGULAR LAS ESPECIALIDADES MÉDICAS
A pesar de que sólo en épocas recientes se ha llegado a extremos exagerados de ultraespecialización, el concepto de especialista no es nuevo en la historia. En Mesopotamia ya había una diferenciación entre el baru, especie de anatomopatólogo que especulaba sobre el origen de las enfermedades; el ashipu, internista primitivo que expulsaba mediante conjuros al demonio de las mismas; y el asu, cirujano Babilonio que basaba su tratamiento en el empleo de agua, medicamentos naturales y su bisturí. Existía además un grupo de cirujanos menores denominado de los gallubu o barberos, encargados de efectuar procedimientos de cirugía menor.
Entre los médicos egipcios ya existían especialidades concretas. El historiador griego Heródoto, quien los visitó alguna vez, decía:
“Cada médico entiende solamente de una enfermedad y nada más [...] Hay médicos para los ojos, para la cabeza, para los dientes, para el vientre, y para otras enfermedades internas [...] Además hay quienes no poseen ninguna especialidad.”
En Persia, hacia el 800 antes de Cristo, durante la época de Zoroastro o Zaratustra, los médicos también eran sacerdotes. Se dividían en varios grupos: los que curaban con la palabra divina, los que curaban con hierbas y los que lo hacían con el bisturí. Estos últimos se entrenaban inicialmente en prisioneros de guerra y en pacientes de otras religiones, y debían curar la enfermedad frente a sus examinadores para poder obtener la licencia de ejercer la cirugía. El pago de estos cirujanos era en especie.
Entre los judíos, por su parte, los esenios, una secta de los fariseos, se ocuparon a fondo del problema de la práctica tanto médica como quirúrgica. Ya existía entonces la división, que se había establecido claramente en cabeza de los médicos o rofe, y los cirujanos o umán.
En la Edad Media comenzaron a aparecer reglamentos para la profesión médica y quirúrgica, como los del rey Rogelio II en 1140 y los del emperador Federico Hohenstauffen, quien mediante su ‘Ley Médica’ reglamentó la formación y el ejercicio de algunos especialistas
El Cuarto Concilio de Letrán separó tajantemente a los internistas de los cirujanos en 1215, debido entre otras cosas a la pésima propaganda que los llamados ‘médicos garladores’ o clínicos internos de la época, hacían de los ‘médicos sajadores’ o cirujanos.
La concepción de las especialidades médicas y quirúrgicas de la actualidad se originó principalmente durante el siglo XIX, con el crecimiento hasta entonces nunca visto del conocimiento médico, gracias al avance acelerado de las ciencias biológicas, de la farmacología, la semiología y la técnica quirúrgica.
En nuestro país las residencias o períodos de entrenamiento específico para obtener el máximo de experiencia en un tiempo adecuado, data de muchos años. Sin embargo, la regulación profesional solamente se encuentra en áreas como la anestesiología. Esperamos que con el tiempo el gobierno emprenda la delicada labor de legislar sobre el ejercicio médico especializado.
Autor: Fernando Guzmán Mora, MD, IGACS
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