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Opinion
La medicina alternativa
CONCLUSIÓN
En conclusión, el objetivo esencial de estas prácticas tiene varios aspectos: disfrazar como profesionales a quienes, movidos por aspectos económicos, ejercen estos oficios; mejorar el ingreso económico de aquellos que no pudieron mantenerse dentro del ejercicio de una medicina científica y optaron por un ejercicio diferente, constituyendo una alternativa, no tanto para el enfermo como para sus propios bolsillos; ofrecer una especie de salida a la encrucijada de algunos enfermos (por medio del denominado efecto placebo), a quienes la medicina alopática no ha podido solucionar sus problemas; liberar a algunos gobiernos de la obligación de responder por los altos costos de la buena medicina dejando parte del manejo de la salud en manos de curanderos, brujos y otros diletantes, satisfaciendo con medidas demagógicas el afán de ese ‘espíritu mágico del hombre’ y protegiendo los mencionados oficios con decretos que intentan colocarlos a la misma altura de la medicina profesional y científica, en un afán de ganarse el apoyo de algunos segmentos de la población.
En lo que toca a las ciudades y poblaciones que si tienen la posibilidad de acceso a la medicina científica, no es justificable, bajo ningún punto de vista, que se siga defendiendo el ejercicio de prácticas que no son otra cosa sino una velada forma de ejercer la medicina en forma absolutamente ilegal lo cual es, ni más ni menos, un delito.
CIENCIA Y MAGIA
El curso de la historia del pensamiento científico ha tomado un giro que habría sido difícil de predecir. En la cúspide del tecnicalismo que sobrevino a mediados de este siglo se auguraba un nuevo milenio en el que debería primar la concepción científica de la realidad humana en desmedro de los conceptos religiosos y, sobre todo, a expensas de la paulatina erradicación del pensamiento mágico. Freud, por ejemplo, en una de sus obras tardías (Neue Folge der Vorlesungen zur Einführung in die Psychoanalyse, 1933) afirmaba: “Nuestra mejor esperanza para el futuro consiste en que el intelecto -- el espíritu científico, la razón -- establezcan con el tiempo una dictadura sobre la mente humana.” Los hechos, sin embargo, demuestran que el denominado posmodernismo trajo consigo un renacer de la espiritualidad y un revivir de la magia, en todas sus formas.
En la antigua China, el oficio de mago (shi) y bruja (wu) abarcaba trabajos alrededor de las divinidades y, al mismo tiempo, se centralizaban en el ejercicio de la medicina. De hecho, se escribieron enormes volúmenes sobre adivinación
En los comienzos de la historia egipcia, la magia estuvo a punto de desplazar a la religión, hasta que el culto a los muertos y a los animales se impuso sobre quienes impulsaban el ejercicio esotérico. Entre los pueblos germanos, el ejercicio de la magia era importantísmo, pues mediante él se alejaban las calamidades de la comunidad
El término ‘magia’ se utiliza aquí para referirse a la supuesta influencia sobre los eventos humanos y naturales de fuerzas impersonales, místicas, cuya comprensión está más allá de la razón y de las teorías científicas. El pensamiento mágico, en su sentido amplio, incluye el animismo, la brujería, la adivinación, y la superstición, todos ellos muy en boga en la sociedad contemporánea.
Históricamente, la ciencia no surgió en contraposición a la magia o al mito, sino como un derivado de éstos. Los naturalistas de la Grecia antigua, considerados por muchos como los gestores de las ciencias, tenían teorías cosmológicas que no diferían mucho de las explicaciones mitológicas de la formación del universo. El pensamiento mágico tampoco estaba ausente en los planteamientos de Kepler o de Newton, y la influencia de la astrología se refleja en las relaciones que William Harvey preconizaba entre los movimientos planetarios y la circulación sanguínea.
Otros, como Francis Bacon (1561-1626) no cayeron en ese engaño. En su breve ensayo, Advancement of Learning, afirmaba que tres ciencias tienen más de imaginación que de razón: la astrología, la magia natural y la alquimia. Es que el hombre, decía Bacon, cree con más premura aquello que prefiere, y adopta la superstición en vez de enfrentar las profundidades de la naturaleza. Él, sin embargo, no les negaba su carácter de ‘ciencias’.
Decía Voltaire: “...en todos los pueblos hubo hechiceros. Pagaba el Estado a los hechiceros de primera clase para que leyeran el porvenir en el corazón y en el hígado de un buey. Por qué pues, durante mucho tiempo castigaron a los hechiceros inferiores con la pena de muerte? Al realizar prodigios, en vez de castigos, debían habérseles tributado honores; y sobre todo debieron temer el poder de que disponían...”
Más que un enfrentamiento entre ciencia y magia, se ha tratado de un cambio paulatino en los paradigmas o, como lo sostiene Kuhn, unas ‘revoluciones científicas’ en las que la magia-religión pierde terreno ante la ciencia, en una serie de cortos enfrentamientos. Ejemplos de estos combates serían la revolución copernicana que echó por tierra toda posibilidad antropocéntrica del universo, la revolución darwiniana que situó a los seres humanos en el mundo de la zoología y, quizás, la actual revolución de las ciencias sociales que ha resaltado las diferencias humanas y que ha de llevar, esperamos todos, a la tolerancia sexual, racial, religiosa, e ideológica como única alternativa de coexistencia.
Autor: Fernando Guzmán Mora, MD, IGACS
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