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ACTUALIZACIÓN TERAPÉUTICA EN LA ENFEMEDAD DE ALZHEIMER
El mejor conocimiento de su fisiopatología, en especial en los últimos 10 años, ha dado las bases para desarrollar nuevas sustancias. La mayor dificultad se presenta en la metodología de investigación, pues al no tener un marcador específico o un patrón de oro para el diagnóstico in vivo, se deben utilizar instrumentos de evaluación y seguimiento, no siempre aceptados por la comunidad científica. Antes de la década de los 80 los estudios se basaban en experiencias clínicas y con resultados confusos y poco reproducibles. Es por ello que hoy en día se tienen unas reglas del juego bien establecidas para estudios farmacológicos, que se enumeran a continuación: · Los estudios deben ser controlados y aletorizados. Inicialmente se debían comparar con placebo, hoy se acepta que se compare con algún medicamento que haya demostrado su efectividad y en grupos paralelos con seguimiento mínimo de 6 meses. · Se deben realizar todas las pruebas complementarias necesarias para minimizar la posibilidad de que la demencia tenga otro origen diferente a la enfermedad de Alzheimer. · Los instrumentos de seguimiento se han estandarizado en pruebas de valoración neuropsicológica multidimensional, evaluación funcional, en especial de actividades instrumentales de la vida diaria, alteraciones comportamentales y carga del cuidador entre otras, que demuestren beneficios estadísticamente significativos. La escala de valoración para la enfermedad de Alzheimer y la escala global de deterioro, propuestas por Reisberg et al, se han aceptado como adecuadas para tamizaje y seguimiento por la Federación Americana de Medicamentos (FDA). Aún existen dificultades en poder medir situaciones como calidad de vida y comportamiento. Previo a la década de los 80, se utilizaron medicamentos como psicoestimulantes y vasodilatadores cerebrales que eran orientados hacia una enfermedad sindromática llamada deterioro mental senil, basada en la insuficiencia cerebral o deterioro cerebral relacionado con la edad. Uno de esos medicamentos fue la dihidroergotoxina, aprobada por la FDA para dicho fin. Sólo fue hasta el año 1992 cuando la FDA aceptó el primer medicamento para el tratamiento específico de la enfermedad de Alzheimer. Aunque el clorhidrato de tacrina ya había reportado estudios clínicos efectivos, el verdadero resultado que le valió este histórico paso fue el publicado por Farlow bajo las condiciones metodológicas previamente descritas. Autor: FUNDACION SANTAFE DE BOGOTA
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