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b-lactamasas de espectro extendido: Perspectivas y Tratamiento
Guillermo Prada Trujillo, MD, MACP, FIDSA Jefe de la Sección de Enfermedades Infecciosas Fundación Santa Fe de Bogotá. Introducción La evolución de las bacterias a través del tiempo ha generado un sinnúmero de especies diversas. Estas especies, a su vez, han producido una correspondiente diversidad de mecanismos de resistencia con el fin de contrarrestar los retos que implican los antibióticos que se producen en la naturaleza, como aquellos producidos por mohos, levaduras y actinomicetos. Como resultado de lo anterior, aún bacterias que no han sido expuestas a los antibióticos disponibles comercialmente, pueden poseer genes de resistencia a estas drogas (1). Este proceso se ha facilitado aún más por la variedad de elementos que pueden poseer los genes de resistencia: el cromosoma bacteriano, plásmidos transferibles y transposones. La resistencia se facilita además por la transferencia entre especies de material genético a través de la conjugación (apareamiento bacteriano), transformación (incorporación de DNA libre en el entorno y que posee genes de resistencia) o transducción (transferencia de material genético entre especies patógenas mediante bacteriófagos). Esta transferencia genética puede ocurrir en rangos muy amplios de microorganismos, incluyendo gérmenes Gram-negativos y Gram-positivos (1,2) Desde la introducción de la penicilina hace más de cincuenta años, los β-lactámicos han constituido el grupo antibiótico de mayor relevancia clínica. Existen tres mecanismos importantes de resistencia a este grupo de medicamentos: reducción de la afinidad de las proteinasde unión a las penicilinas (Gram-positivos y negativos), alteración en la permeabilidad de la membrana externa (Gram-negativos) y producción de β-lactamasas que inactivan el anillo β-lactámico mediante hidrólisis (3-6). Las b-lactamasas pueden estar codificadas en genes, cromosomas o plásmidos; en los microorganismos Gram-negativos se encuentran en el espacio periplásmico, entre la pared celular y la membrana externa; los Gram-positivos las excretan por carecer de membrana externa. Existen numerosas b-lactamasas que varían en su habilidad para inactivar un determinado b-lactámico o en su susceptibilidad a inhibidores como clavulanato, sulbactam y tazobactam (1,7). La aparición reciente de microorganismos productores de b-lactamasas de espectro extendido (BLEEx), capaces de inactivar potentes cefalosporinas, ha generado gran preocupación debido a las implicaciones clínicas y terapéuticas que tienen: primero, son trasmitidas por plásmidos y por tanto pueden diseminarse a muchos microorganismos; segundo, la diseminación de la resistencia a las cefalosporinas de espectro extendido limita aún más el uso de los b-lactámicos y estimula el uso de antibióticos más costosos y de mayor espectro; pero, además, estas cepas resistentes pueden no ser detectadas mediante los procedimientos microbiológicos de rutina y generar por tanto fallas terapéuticas frecuentes y en ocasiones fatales (8,9). Mecanismos de Resistencia Las BLEEX se identificaron inicialmente a comienzos de los ochenta y algunos consideran que son la consecuencia del uso de las cefalosporinas de tercera generación; desde esa época se han identificado en todos los sitios habitados del planeta en bacilos Gram-negativos, especialmente K. pneumoniae, E. coli, Proteus mirabilis y especies de Salmonella. A pesar de su amplia prevalencia, el conocimiento sobre los microorganismos productores de BLEEX en muchos países es pobre, incluyendo el nuestro (9, 10). Autor: FUNDACION SANTAFE DE BOGOTA
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